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La prueba de virginidad

No deja de asombrar que, aún hoy en día, muchos hombres se sientan con el derecho de poseer de forma exclusiva a la mujer. Este derecho de propiedad exclusiva exige de una mujer no casada que sea virgen. La virginidad garantiza que una mujer no ha pertenecido a ningún otro hombre pudiendo entonces pasar a formar parte de sus adquisiciones.
En muchos países una mujer que no cumpla con este requisito, es decir una mujer soltera que ha perdido la virginidad, traerá consigo la huella del comercio sexual con otro u otros hombres. Una mujer así es depreciada y este desprecio es tal que si fuese violada no encontraría mecanismos institucionales para hacer justicia. El discurso dominante le haría sentir que ella, con sus actos lascivos, conjuró su propio destino.
La prueba de virginidad no solo es un mecanismo para corroborar cuan “honorable” es una mujer sino también es una perversa forma de sostener el monopolio de hombres sobre mujeres.

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