¿Por qué permití tanto maltrato?

¿Por qué permití tanto maltrato?

maltrato “¿Por qué permití tanto maltrato?”, “¿Cómo dejé que me humillase tantas veces?”, “¿Cómo soporté tanto irrespeto?” Son preguntas que cualquier psicólogo, psicoterapeuta o psicoanalista que ha atendido a mujeres víctimas de maltrato ha escuchado en sus consultas.

Estas preguntas son interesantes por diversas razones. Primero, porque agotada todas las acusaciones dirigidas a los demás, la paciente se mira a sí misma y se interroga por su responsabilidad: “¿Cómo lo permití?”. Ver la propia responsabilidad ayuda a dejar de victimizarse inútilmente. Segundo, porque esa pregunta permite ahondar en los vínculos de amor y desentrañar el sadismo y el masoquismo que tantas veces habita en ellos.

¿Cómo llega el sadismo y el masoquismo a enquistarse dentro del amor? Para contestar a esta pregunta tenemos que viajar a la infancia. Cuando una niña o un niño ama a alguien, esa persona alcanza, para bien o para mal, mucho poder. Los niños no se guían por el refrán popular y prefieren estar mal acompañados que solos. La soledad infantil es insoportable. Un niño necesita imperiosamente a alguien y se apegará a él aunque este lo maltrate o lo dañe. Si la persona que está a cargo del niño lo daña el infante se someterá al maltrato y además le seguirá amando. Daño y amor se entremezclan. Es así por curioso que parezca.

La naturaleza vulnerable del niño o niña le expondrá más a los efectos del daño que a los del amor. La huella del daño es más profunda y su profundidad muchas veces la podemos constatar en las vicisitudes de la vida amorosa adulta. Una persona que ha sido dañada en la infancia por alguien amado repetirá lo vivido y buscará, sin tener plena conciencia que lo hace, relaciones de maltrato en la adultez. El amor y el daño se han entremezclado a tal punto que ya no distingue lo uno de lo otro.

Esta forma de amar es evidentemente una fuente de enorme sufrimiento y nadie debería conformarse con amar de forma tan insana. Una terapia psicológica podría ayudar a que esas personas hagan mejores elecciones amorosas. En vez de repetir incesantemente patrones de maltrato podrían coincidir, finalmente, con alguien que las cuide y proteja y seguramente, si alguien les viene bien, lo podrán detectar y no le dejarán escapar.

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