El sin techo y su perro

El sin techo y su perro

el sin techoHace poco he leído en la prensa esta noticia: Los sin techo de Madrid podrán llevar sus animales de compañía al albergue este invierno. Poco nos detenemos a pensar en estas personas excluidas. Cuando encontramos a unas de ellas en nuestro camino reaccionamos como si no existiesen, negamos lo que nuestros ojos han visto. Si ocupan algún espacio en nuestra mente suele aparecer bajo la forma de “vaya, esta ciudad está fatal”. Su presencia nos incomoda, preferiríamos que su realidad y la nuestra no se tropezaran nunca.

Sin embargo, estas personas merecen que les dediquemos un espacio de reflexión. Un animal de compañía para alguien que no tiene hogar, ni familia, ni amigos debe significar muchísimo, tanto que la medida se ha tomado ya que aquellos que tienen mascotas, prefieren renunciar al alojamiento para no abandonarlas, a pesar de las bajas temperaturas del invierno.

La capacidad para cuidar y proteger a un animal que tienen estas personas, a las que no solemos prestar atención, nos habla de su gran sensibilidad y también se su inmensa soledad. Desde un punto de vista psicológico, el perro que acompaña al sin techo hace las veces de ese otro sin el cual se sentiría una soledad imposible de soportar. Los psicólogos, los psicoterapeutas y los psicoanalistas lo saben: desde el nacimiento estamos irremediablemente ligados al otro, somos seres sociales desde el inicio mismo de la vida y por eso la soledad abismal no es compatible con la vida.

Los sin techo, los niños, los psicóticos, los ancianos, los incapacitados, son los que ponen a prueba la fuerza del tejido social con que están construida una sociedad. Un sociedad con responsabilidad social DEBE velar por todas las personas que están o corren el riesgo de estar fuera de su entramado, es decir, DEBE proteger a todos aquellos en riesgo de exclusión.

Qué gran ejemplo de humanidad nos enseñan los sin techo…claro, siempre y cuando mantengamos abiertos los ojos para verlo.

6 Comments

  • Iris de Paz

    Una reflexión muy interesante e importante, el problema principal de la persona sin hogar es el desarraigo y no sólo hacia un espacio o algo físico, sino hacia las personas, hacia las emociones. En muchas ocasiones es el perro el que le ayuda a mantener su dignidad y a no olvidarse que es persona, frente a una sociedad que quiere deshumanizarlo por que así es más fácil enfrentarse a una realidad, que aunque a priori nos parezca lejana está más cerca de cada persona de lo que se cree.
    Gracias por el artículo me gustó un montón

    • Carolina Álvarez

      Estimada Iris,
      No puedo estar más de acuerdo contigo cuando dices que el perro ayuda a los sin techo a recordar que son personas y a protegerse del proceso de deshumanización al que la sociedad los somete. Despojar a los sin techo de sus características humanas para impedir que nos afecte emocionalmente la descarnada realidad en la que viven es un mecanismo muy peligroso. Una sociedad sin sensibilidad social está condenada a fracasar.

  • Carlos Fabbri

    El artículo está más que acertado. En pocas palabras describes la realidad psicosocial de las personas sin hogar de forma clara, concreta y literariamente, bonita.
    De cualquier manera Carolina, y como yo trabajo como coordinador de un Centro de Día para Personas sin Hogar en el el barrio de Malasaña, me gustaría saber si puedes darme esa información, es decir, en qué medio has leído esa noticia.
    Por cierto, aprovecho para informar a través de tu web, que la Campaña de Frío en Madrid dará comienzo el 25 de noviembre.
    Así también, y para usar sin abusar, invito a que visiteis nuestra página web:
    http://www.asociacionrealidades.org
    Muchas gracias y enhorabuena por el artículo.
    Carlos F.

  • JAVIER

    Buenas tardes, Carolina:

    Un artículo muy bonito y, muy apropiado para la reflexión y la acción.

    La solidaridad, que es lo que notoriamente falta en nuestra sociedad, tiene dos posibles orígenes diferenciados: llamemos a uno el “origen obligado” y al otro el “origen libre”. Solidadridad de origen obligado, es aquella a la que nos impulsa la necesidad de sobrevivir. Solidaridad de “origen libre” es aquella a la que nos impulsa precisamente la característica que nos define, la “humanidad”, esa cualidad que posee el que se compadece de las desgracias de sus semejantes. Esta es libre y no se basa en la necesidad sino en los sentimientos que, nosotros mismos, hemos calificado como humanos. En unos sentimientos que nos hacen ver a nuestros semejantes igual que a nosotros y a través de los cuales sentimos por ellos un amor similar al que sentimos por nosotros mismos, pues los consideramos iguales a nosotros, en todo lo esencial e importante.
    La solidaridad, de una sociedad que cada vez es más individualista y anónima, va perdiendo fuerza. Si la solidaridad perdiera la misma fuerza dentro de las familias, la destrucción social estaría prácticamente asegurada. Afortunadamente, las familias, mejor o peor, siguen ayudándose entre sus miembros. Los sin techo, me temo, son gente, también, sin familia.

    Un saludo

    • Carolina Álvarez

      Estimado Javier:

      Tal como escribes, la solidaridad va de la mano con la empatía y la compasión. Sin ellas sería dudoso que sobreviviésemos como sociedad.

      Un cordial saludo

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